MICHITO
Inés bajo las últimas tres gradas camino a la cocina de un salto largo
Volteó a la izquierda y siguió
corriendo
De pronto frenó sus pasos a la
entrada
¿Será?, se preguntó ¿Hoy será el
gran día?
Entró con lentamente, un paso
detrás de otro,
Sus manos apretaban muy fuerte a Pachón;
(su muñeco preferido)
Sus ojos se fueron abriendo cada
vez más
mientras se dibujaba una sonrisa
de admiración y de alegría en su rostro.
¡Ya nacieron! Gritó,
Dejó caer a Pachón de sus manos para taparse
con ellas la boca.
Sh sh sh, No quería despertar a
los bebes.
Sabía que debía estar calladita.
Así lo aprendió de su tía Paula cuando nació su primo Mario.
Levantó a Pachón y lo acomodó en
una silla,
regresó a la canasta y se puso de rodillas.
Uno, dos, tres, cuatro, contó.
Eran cuatro los bebes gatitos que
dormían junto a su madre en aquella canasta.
“¡Sabía que todo iba a salir bien!”
se dijo mientras pasaba sus manitos por el cuerpecito de los recién llegados.
Cuando los demás miembros de la
familia se levantaron
encontraron a Inés frente a la canasta de la
cocina
observando como los cuatro
mininos buscaban,
con los ojos cerrados,
el pecho de mamá Ramona que
llenaría sus pancitas de rica leche
y los haría crecer.
Esto también lo sabía Inés por Mario su primo
que era un tragón de leche de mamá.

La Sra……(tú pon el nombre) mamá
de Inés entró a la cocina y al ver a los gatitos sus ojos también se abrieron como
los de Inés pero en su rostro no hubo sonrisa sino más bien preocupación.
“Esos gatitos están muy
chiquitos” comentó la abuela al verlos.
¡Qué feos son! dijo Rafael el
hermano mayor de Inés. Casi no tienen pelo.
“No son feos”, dijo Inés sin
levantar la vista de la canasta, “son bebes, luego les crece el pelo y abren
los ojos como Mario”. Estaba admirada! Aquellas criaturitas, eran del porte de
la palma de su mano. Las había esperado tanto.
Inés no quería ir al colegio para
quedarse a cuidar a los gatitos. Pero finalmente fue porque quería contarles a
sus amigos sobre sus bebes.
“Son dos gatitos y dos gatitas
mamá” aseguró mientras le peinaban el cabello.
“Ya tengo sus nombres: Michi,
Michito, Pelusa y Bolita. ¿Mamá los gatos tiene apellido?” Preguntó camino al
colegio.
Pero las cosas no estaban bien,
lo sabía la mamá y también la abuela.
Esa tarde después del colegio
Inés plantó nuevamente las rodillas ante la canasta.
Uno, dos, tres. Volvió a contar.
Uno, dos tres...¡Mamá! gritó ¡Un gatito se ha
escapado! No lo encuentro.
Los ojos de Inés se llenaron de
lágrimas mientras buscaba bajo los muebles de la cocina al gatito perdido.
Mamá se sentó en el suelo de la
cocina frente a Inés, la miró a los ojos y le dijo. “Ese gatito estaba muy
débil amor, nació antes de tiempo por eso ya no está”
¿Lo llevaste al doctor? Preguntó entre sollozos.
“No corazón” respondió mamá
mientras la tomaba entre sus brazos
“El gatito murió, porque no tenía
fuerzas para vivir”
Quiero estar con él, ya lo quería mucho .
Lo sé pero ahora está en el cielo
feliz y los que están aquí te necesitan.
Tendremos un detalle de cariño,
lo pondremos en una cajita de jabón y lo enterraremos en el jardín.
Así lo hicieron, pusieron muchas
flores y una cruz, como insistió Inés .
Ella misma acomodó piedritas
alrededor de la cruz como había visto en una película de vaqueros.
Luego corrió donde estaban los
otros gatitos y contó uno, dos, tres. Se acomodó de rodillas frente a ellos y
les dijo entre suspiros “no estén tristes, su hermanito Michito está en el
cielo ahora y yo me he quedado para cuidarlos”. Se limpió las lágrimas que se
le escapaban sin poderlo evitar y volvió a contar: uno, dos, tres.