miércoles, 14 de septiembre de 2011

La Bruja Del Cuento


“¡No, no y no!” Gritó enojada la bruja de este cuento. “¡No quiero trabajar más aquí, siempre en el mismo papel de mala y al final del cuento caer en la olla de sopa, ensuciarme el vestido y quemarme las sentaderas! No, no lo haré más”. Dijo con autoridad mientras se subía a su escoba y se disponía a volar.
“Espera, espera”, rogó el escritor de este cuento. “No te vayas que sin ti no hay cuento”.

“¡Eso debiste pensar antes de maltratarme tanto, dame alguna vez un éxito, permíteme alguna vez ser feliz. Sólo me has llamado para atormentarme!”.

“No brujita espera, no te vayas, este cuento no lo podemos cambiar, es un éxito pero si te quedas haremos otro en el que te divertirás”

“¿Otro cuento?” se preguntaba la bruja mientras caminaba de un lado a otro en su camerino de bruja con telarañas en los rincones, bebedizos desconocidos adornando las esquinas, tres gatos negros husmeando por allí, un gran libro negro abierto sobre  un pedestal y un ropero en el que sólo colgaban vestidos negros o grises. La bruja no había tenido nada que ver con aquella decoración que le parecía francamente espantosa, ni si quiera le gustaban los gatos. Un día por ejemplo, ella quiso traer unas flores para poner algo de vida en ese ambiente negro y húmedo pero las flores de colores al entrar en la habitación se marchitaron del susto y se convirtieron en tres bastones torcidos. En aquella ocasión la bruja amenazó con irse pero el escritor la convenció que se quedara. Pero la bruja ¿por qué se queda? ¿Es que ama a los niños y a los cuentos y por eso se queda?

“Otro cuento, otro cuento” Pensó la bruja todo el día y estuvo más dispuesta a representar su papel diario en la historia. Protagonizó la escena del jipiti zuas, jipiti trum mientras perseguía a los niños para convertirlos en ranas y al final sin ningún reproche cayó en la olla de sopa mojándose el vestido y quemándose las sentaderas. Ya de vuelta en su camerino siguió pensando en las promesas del escritor de este cuento. De esa forma vivió la bruja durante muchos días haciendo su trabajo, creyendo en promesas de mejoras laborales que nunca llegaban pero un día decidió actuar de manera diferente.
Entró en pie puntillas en la habitación del escritor cuando él dormía y se apoderó de su laptop. Se escabulló hasta la cocina y con un gran pedazo de torta y un vaso de leche se dispuso a trabajar en la nueva historia.
Al día siguiente todos los personajes estaban sorprendidos ante las nuevas instrucciones ya que el cuento ahora era así.


La brujita Antonieta mandó a sus gatos de vacaciones a Chincha, compró un vestido amarillo y tomó un helado en la plaza del pueblo… Luego persiguió a los niños jipiti zuas, jipiti trum para convertirlos en ranas y al final sin ningún reproche cayó en la olla de sopa FRÍA mojándose el vestido.

Claudia Guillen Diaz Del Olmo 


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